lunes, mayo 19, 2008

Maneras


¿Qué ves cuando me ves? ¿Qué decirte cuando hablás? ¿Qué besarte cuando te beso?
Pregunto preguntas con miles de respuestas, climas y sensaciones.
Un poema no escrito, una canción entonada a dúo. La culpabilidad de este destino que nos une en una mirad, en un abrazo, una noche de pasión, en estas lágrimas que me asaltan las mejillas, al observarte dormir a mi lado.
Cualquier día no es lo mismo cuando me decís "te amo", luego de mucho tiempo sin decirlo.
De mil maneras me siento a tu lado y contigo a mi lado.
Por momentos el más indefenso de los mortales, y al rato el Cid Campeador, con mármol y todo.
Eso es lo que el corazón me pide ser, como si nada de esto fuera real.
Como si el tiempo no hubiera pasado, como si tu cuerpo hubiera estado siempre aquí y ambos vimos el sol en nuestra ventana siempre.
"La esperanza ilumina el corazón y la razón. Confía". Así lo hice. Así lo dijiste.
Busco en mis recuerdos el momento exacto en que comencé a amarte y me doy cuenta de que fue siempre.
Desde aquél primera "hola!", hasta este hermoso: "buen día, amor".

Sol


Sol, un piano, una melodía, y esas ganas irrefrenables de seguir siendo el mismo, sabiendo que para eso también uno debe cambiar de alguna manera.
El mundo gira, rota, fluctúa, entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto.
Se trata de unir,, aunque sepamos que a veces nada vuelve a ser lo que fue, ni siquiera estas palabras, que nacieron con un objetivo y ahora ya no se saben para que lado disparar.
Los golpes de timón traen aparejadas situaciones impensadas, de esas que obviamente sorprenden, pero que muchas otras necesitamos, para darnos cuenta que hay otra forma, otro ángulo, otra capacidad de ver lo mismo.
No se debe perder la magia de la sorpresa, ni los anhelos de los sueños y las utopías.
Es necesario dar hasta la último, para saber que estamos vivos, que las cosas, más allá de tener un porqué, tienen un por quién, una búsqueda, un encuentro, una forma.
Cualquiera de las personas que puedan leer este cúmulo de palabras, medianamente ordenadas, podrá reflexionar con el futuro, revisando el pasado y disfrutando el presente, ese mismo que a veces es tan esquivo.
Ahí está iluminando todo, dando vida, calor y esperanzas. Su color es intenso, como lo que transmite, y como todo lo que recibimos. No lo desaprovechemos.

jueves, marzo 13, 2008

Esperanza

Acá estoy escuchando el mar azul y tratando de hacer pie en la nada misma. Un mensaje poco óptimo, pero es lo que surge.
Cada ola que siento es una esperanza que se renueva, que me permite confiar y limpiar el alma, llevándose parcialmente los recuerdos, dibujando en la arena un garabato que no se entiende, pero que seguramente habla de amor.
Si quisiera mirar el futuro debería sentirte presente, como aquella última vez, como la primera, aunque no seamos los mismos, pero quisiéramos serlo.
El repiqueteo de la lluvia en el mar es el mejor acompañamiento para la tonada, el pedido de poder saber el camino que hay que tomar, luego del desbarajuste, de lo ido y perdido, por cuestiones propias y ajenas.
Si hasta pienso que no soy yo quien piensa lo que piensa, y sin embargo te pienso, te siento y te extraño, no tanto por lo vivido, sino por lo que podemos vivir.
Es un cerrar de ojos, es una lágrima furtiva, que surca una huella ya recorrida. Es mi mejilla mojada en una almohada de madrugada. Son estas ansiedades contenidas.
Alguien me susurra al oído "dame una esperanza, aunque no creas, con eso me alcanza. Una esperanza, una ilusión que acorte esta distancia", tal vez no sea mucho, pero es lo que todos necesitamos y yo, lógicamente, también.

miércoles, febrero 20, 2008

Naufragio


Las distancias magnifican las cosas, los árboles parecen más frondosos, los horizontes más profundos y los amores más intensos.
Pero hay también quienes creen que las soledades producen esos efectos, por el vacío que cada uno tiene adentro.
No faltarán aquellos que sostengan que el rencor, el odio y la envidia ofician de transportadores de sensaciones ajenas, más allá de cualquier momento que se transite.
Algunas veces, sólo algunas, muchas de las cosas que se piensan están en otra sintonía con lo que se pueda sentir o planificar.
Las palabras cursan por cornisas tan finas que a veces dan la impresión que caerán en un profundo vacío, de las que difícilmente regresen sin secuelas.
En ese juego, peligroso e inquietante, las personas creen encontrar una efímera felicidad, la gloria perdida o un amor no correspondido.
Todos suelen aferrarse a algo o alguien como una tabla de salvación de vaya a saber qué naufragio.
Sin embargo no se dan cuenta que los corazones bucaneros no tienen manera de detener el rumbo, cualquiera fuera el elegido.
Así estaba él, a punto de tomar el ómnibus. La iba a ver y quien sabe lo que podría suceder.

Abrazarte


"Abrazarte, sólo quiero eso esta noche", le dijo él y ella quedó entre anodada y feliz por lo que acababa de escuchar.
Se imaginó navegando en una alfombra mágica, llegando a su balcón en medio de una blanca melodía, de esas de películas de los '50, cuando los protagonistas se decían las cosas más profundas cantando.
Pero al mismo tiempo pensó en caminar sin cesar a su encuentro, como una promesa religiosa, un rito, una ceremonia de fe.
También optaba por convertirse en ave, la más bella de las palomas mensajeras, que lleva un recado de amor y en su llegada es recibida con los brazos abiertos, una sonrisa y la frase: "Te estaba esperando".
Fueron segundos, indescriptibles de felicidad, en que sus palabras surcaron sus oídos como el agua en la catarata y caían dejándo un surco en la piedra, en este caso su alma.
Lo vio tan sencillo como la primera vez, frontal y a la vez vulnerable, con el reflejo de la luna sobre su rostro, que le entraron unas ganas locas de cumplir con su deseo.
Primero le acercó su boca hacia la comisura de sus labios como solía hacerlo cada vez que lo veía, desde aquél primer beso.
Luego pasó sus brazos por su humanidad, lo rodeó y lo apretó bien fuerte, con esos abrazos del alma.
Ella no pudo verlo, porque estaban abrazados, pero una lágrima surcó su barba y quedó por siempre en su sonrisa.

viernes, enero 25, 2008

Estallido

Oyó una vez más su carcajada, su sello distintivo y volvió a preguntarse ¿qué era eso que lo hacía rejuvenecer, sentirse un adolescente que retorna a la secundaria en busca de amores primerizos y travesuras de recreos?
Ella reía y él estallaba. Juraría que era feliz, que millones de células se movilizaban en un único sentido y él se permitió esa sensación, pese a todo.

Debajo de la palma de la mano pueden tomarse millones de cosas y escribir miles de poemas, pero los trazos deben ser guiados por un sentimiento, una razón de ser...un destino.
En algún punto del planeta pensó en haber encontrado un camino, ella que había tenido las estrellas como techo en sus crudas noches de cinco manzanas.
Luego de tantas frustraciones y desesperanzas, quería ganar una vez, tener el horizonte clarificado, y lo podía conseguir.
Para ella él era como la apertura de una represa, una catarata de sensaciones, y no tenía tapujos en decírselo, en buscar esa complicidad, la confianza y el respeto, eje de todo su existir.
A cualquier hora, de cualquier día y lugar, se llamaban y comenzaba una historia íntima en busca de un momento de felicidad, esa que la vida le había negado a ella y le devolvió una sonrisa a él.

martes, enero 22, 2008

Escaneo

La hoja estaba en blanco, pero su mente no.
Bucaba imágenes, recuerdos, frases y cualquier cosa que lo uniera a ella, aunque más no sea por algunos segundos.
Para su sorpresa cayó en la cuenta que eran muchas las cosas que tenía de ella.
Su risa, su desfachatez y su locura. Pero también estaban sus miedos -que eran suyos- la sensibilidad a flor de piel y esas ganas locas de volver a ver un amanecer compartido.
Ella le había pedido mantener la magia, más allá de cómo fuera sucediendo la historia y como todo lo que conlleva una cuota de lo desconocido, pidió tiempo y un poco de paciencia.
Tenía el crédito abierto, con toda la confianza que eso significaba.
Cada vez que podían, y últimamente eso sucedía a menudo, se describían cómo eran, sus gustos, preferencias, odios y rencores.
El escaneo mutuo no era algo aislado. Formaba parte de un horizonte que se avizoraba de un mismo color, con risas y sueños en partes iguales.
Con un halo de misterio se desnudaron en palabras y elaboraron un camino con nombre propio, pese a los obstáculos, que eran muchos, antes que el barco partiera de tierra firme.
Él se quedó dormido con una sonrisa y ella se despertó con una frase que la marcó por siempre: "...le pidió a los reyes un hombre, que nunca la deje sola".

lunes, enero 21, 2008

Si me creo lo que me pasa, seguro que no me creerías.

Si te dijera lo que tengo para decirte, capaz no lo oirías.

Si un no, es un sí o un quizás, con eso alcanza para empezar, más luego no me quedaré en expectativas, quisiera un poco más, tanto como ofrezcas.

Es cierto, las cosas pasan y a nosotros nos pasó.

De alguna u otra manera él o los caminos se cruzaron en un punto de la vida, lo tomamos y andamos más allá de todo, cerca de ambos, queriéndo recorrerlos juntos.

Pocas cosas tengo para decirte ahora que siento tu mano entrelazada a la mía, que el atardecer me acompaña a tu encuentro, que tu boca busca los labios, mis ojost tu mirada y mi piel tu piel.

Nada casi nada. Tiempo sólo tiempo. Un día o una noche, ¿quién lo puede saber?, cuando nos digamos, nos confesemos que nos amamos, que la vida no es lo mismo sin el uno, ni el otro.

El miedo paraliza y el horizonte se nubla, pero si se está acompañado, poco importa eso.

¿Querés sentir cosas olvidadas? ¿Te gustaría un desayuno preparado en tu honor? ¿Apostarías todo a un número con pocas chances de ser el elegido?

De aquella vez que volví a verte muchas cosas cambiaron. ¿Pero sabés qué?. Las cosas no tienen colores difusos cuando uno se siente acompañadoo. Pensalo, yo lo pienso mientras recuerdo tu figura dormir.

sábado, enero 12, 2008

Búsqueda


Sus ojos, mejor dicho su mirada, fueron su carta de presentación y él no supo bien porque, pero observó algo misterioso y a la vez atractivo, que traspasaba una línea imaginaria y unía dos puntos en el infinito.
Su hablar desfachatado y locuaz lo transportaba en una perpleja sonrisa y él se animó a ingresar en su mundo, donde las cosas tampoco sencillas y el dolor estaba latente, más allá de su virtuoso optimismo.
Con el tiempo el contacto se fue raleando, por cuestiones primitivas de cada uno, aunque en algún punto la línea seguía trayendo imágenes de ambos, por rutas diferentes o tal vez era la forma para encontrar la misma senda. en donde puedan confluir sus emociones, sensaciones y apuestas, pese a que ella no era partidaria de esa palabra.
Las noches se fueron acercando y los desencuentros postreros hicieron que algo se fuera gestando, casualidad o no, él fue a su ciudad, casualidad o no, ella no estaba y lo lamentó, pero también entendió que los momentos llegan cuando deben llegar.
Conversaciones que pasaron por miles de temas, en especial por sus proyectos y deseos, que en varios puntos eran coincidentes.
"Quisiera tenerte en mi cama esta noche", le confesó ella y él eligió su mirada en una respuesta que ella ya prreveía.
En cierta medida sus corazones parecían confluir, pero también entendían que las cuestiones de ese órgano vital, a veces, son más rápidas que la razón y sus posibilidades.
¿Se puede pensar en el otro de esta forma?. ¿Trazar paralelismos con tiempos pasados no sirven?
Nadie los obligó a nada y ellos se obligaban a prestarse el tiempo, para conocerse, de a uno, de a dos, de a poco y vertiginósamente.
"¿Estás?"...Pensándote. La pregunta y la respuesta puede ponerse en boca de cualquiera.
El sintió cosquilleos que ella compartía a igual nivel.
Ella pidió unos besos en la espalda y sentirse protegida y acompañada luego de varios malos golpes de la vida.
Incluso en ese instante, escuchó la voz de su padre desde el recuerdo, diciéndole: "Todo llega, no busques nada".
Se entregó a Dios y sus designios, yendo con algunos recaudos y confiando en el "trabajo hormiga" que la había atrapado.
El quiso volver a sentirse feliz y lo estaba logrando, con poco o con mucho, pero confiando en el destino, esta vez....si.

jueves, diciembre 27, 2007

Secreto


El secreto compartido, las verdades dichas sin tapujos, sin anestesia, bien pueden ser el inicio de algo más que interesante, por todo lo que significa en este momento de nuestras vidas, donde los problemas parecen caer del cielo y las soluciones son efímeras.
El taxi transita por una Buenos Aires nocturna que me hace ver luces en la letanía y me explican, en parte, este nuevo sentimiento, las sensaciones y las formas de tu forma.
Veo tus manos pequeñas, femeninas, y a la vez firmes, que demuestran fuerza y contención en cada abrazo, pero que también buscan otras igual de protectoras.
Y en ese oleaje de cosas busco y me busco como alguien que disfruta cada instante y te pido que vos también lo hagas, para poder estar plena, por lo menos en ese minuto.
Un "te quiero" de tu boca suena de una forma inexplicable, por todo lo que trae consigo y lo atrapo en mis manos y en mi corazón. Me apodero de él porque soy el destinatario y ahí es cuando creo entender que la apuesta no es en vano, que me sirve para decirte que mi corazón ve hacia adelante, no vuelve atrás.
Que el camino es uno y está bueno transitarlo de tu mano. Descubriendo nuevos senderos y muchos paisajes, quizás algunos ya conocidos, pero que junto a tu mirada tienen otra perspectiva.
Unite, dejate convencer en un beso, como si fuera la primera vez de muchas veces por venir.

miércoles, diciembre 12, 2007

Devenir

El devenir de los tiempos los había alejado por cuestiones de vida, proyectos y objetivos.
Volvieron a verse luego de un lapso de varios meses y casi sin darse cuenta se confesaron realidades, presentes, pasados y futuro. ¿Juntos tal vez?
En cada sonido de sus palabras él apreciaba el movimiento de sus labios y la reflexión de sus pensamientos.
Ella pensó que él le había dado una especie de "suero de la verdad" desde su sonrisa y su forma de hacerla reír a ella.
Había una línea invisible entre ambos por la cual giraban sus cuestiones personales y se desnudaban sus deseos, ganas y esperanzas, esas que hacen bien al alma y renuevan las necesidades y utopías.
¿Hasta qué punto uno puede merecer este presente, luego de andar por caminos pedregosos y confusos?
Todos sabemos que nada es sencillo, pero ambos vislumbraban que al lado del otro podía ser mucho más sencillo y placentero.
Sus manos se recorrieron casi en sumultáneo y las miradas confluyeron en un punto invisible del firmamento. Se congelaron y sin decirse nada se dijeron todo.
Pensaron casi lo mismo y así se quedaron dormidos, soñando el uno con el otro, pero abrazados.

viernes, diciembre 07, 2007

Galeón

Tengo un galeón que busca surcar nuevos mares en busca de otros horizontes, dejando atrás islas que ya he inspeccionado y en donde la naturaleza hizo su parte, pero en la que ya nada me retiene.
Soy un bucanero, un pirata, un navegante que roba sonrisas, miradas y besos por las noches, con la luna como testigo.
Planeo un abordaje, alistando las velas, dando un viraje a estribor, evitando encallar, pero con ganas de tenerte en mi cubierta, contemplando la quietud del mar.
Podría nombrarte miles de hazañas, desencuentros, victorias y derrotas, con una copa de vino como compañera y en el jugueteo de mis palabras te conquistaría para dejar mi bandera en tu corazón.
Sin embargo, vos tenés tus pertrechos bien alistados, también la experiencia que se necesita para evitar los ataques certeros. Tenés una prolija cartografía, que estudias a cada rato. No sos tan sencilla de conquistar.
Ahí, tal vez, radique parte de tu belleza, gran porción de mi interés por conquistarte, más allá de tu silueta de pirata y tu mirada entre tierna y defensiva.
En el mar del amor se pueden cometer miles de locuras. Yo soy un marinero que quiere poder dormir a tu lado, raptarte entre mis besos y que te sientas la mujer más amada de la tierra.
Hacia mi aventura, que sos vos con toda la carga de sorpresas que eso también conlleva, voy.
No le temo a las tempestades, ni a las grandes olas, ni siquiera a los tiburones.
Me brindo con coraje, con el tatuaje de mis ganas y al reto del destino.
Cierro los ojos. Te robo un beso y pongo proa al horizonte, que es todo nuestro.

martes, diciembre 04, 2007

Perfume


Olió el aroma de su perfume en el living vacío.
Se dejó llevar por la fragancia y al mismo tiempo se le vino a la mente un campo de flores silvestres, un día de sol de cualquier primavera.
Algo había en el ambiente.
Él lo registró, lo incorporó y se sintió a gusto.
Gozándolo, demenuzando cada momento y recordando a la vez todo lo que habían conversado, que tuvo varias aristas y miradas cómplices, casi de códigos no preestablecidos.
Muchas horas después seguía sintiendo el olor de su perfume, pero ahora acompañado de una sonrisa del juego que hacía su mano derecha con su pelo.
Descubrió facciones, trazos, vías en su rostro que habían pasado casi desapercibidas.
Un té fue el compañero ideal para la charla, mientras de fondo Ismael traía la esperanza, esa que ambos -por diferentes o similares caminos- buscaban, anhelaban.
La madrugada se fue escurriendo y ellos no se dieron cuenta. Estaban a gusto.
Preferían ese espacio de intimidad en medio de la noche, que cualquier otra cosa.
Las reflexiones fueron abriendo paso a las maneras que tenía cada uno para mostrarse al otro.
Hablaban como si se conocieran de toda la vida y apenas tenían algunos encuentros compartidos.
"Hablé mucho. Vos tenés el suero de la verdad que me hace ser así", le dijo ella y puso una mirada tan tierna que él vio reflejada una luna sobre el lago, en un bosque de quien sabe dónde.
Lo cierto era que la garganta de él estaba crujiente y sin demasiado margen para hacer de interlocutor, pero además le gustaba escucharla, porque de esa manera también la iba conociendo y recorría sus palabras como quien se interna por senderos sinuosos, excitantes y llenos de sorpresas.
"¿Qué estaría pasando?", se preguntó él. "¿Qué es esto?", pensó ella.
Interrogantes que la vida, como siempre, les ponía frente a frente, tal vez para que se dieran cuenta que el tren tiene un largo recorrido con diferentes paradas, que cada uno elige para subir o bajar, llegada la ocasión.
El taxi la alejó de allí y ella dejó un beso que el retribuyó con algo de timidez y mucho de actitud.
Sabían que no sería el último y en todo caso, si lo hubiera sido, ¿qué importaría?, fue mágico e irrepetible.
Él abrió nuevamente la puerta. Respiró profundo y el perfume de ella le recordó que siempre hay una nueva oportunidad, Otra esperanza a la que aferrarse, y por fin volvió a reír.

Empedrado


Sin demasiada forma.

Algo engañoso en los días de lluvia.

Travieso.
Te hace tropezar. Romper un zapato.

Doblarte un tobillo. Dar un insulto al aire.

Asimétrico, pero a la vez romántico.

Histórico y también moderno.

Testigo del tiempo.

Así es el empedrado, que bien puede equipararse a
la vida y a las diferentes formas en que ella se nos presenta.

Todo sería mucho más previsible si el asfalto dominara la escena, con esa misma previsibilidad que trae aparejado el aburrimiento y la falta de sorpresa.

Por eso elijo el empedrado, por sus incógnitas en cada paso, cuando uno siente que la planta del pie se adapta a un terreno inhóspito, desconocido, pero a la vez tiene ganas de explorar, como quien recorre los labios de una mujer, aprecia su mirada o siente el olor de su perfume, que deja una marca en el alma.

Alguna vez pregunté "¿asfalto o empedrado?" y obtuve como respuesta unos pies desnudos junto a los míos, un amanecer en cualquier lugar, la complicidad de una risa, de un dolor y de una alegría.

La vida está llena de oportunidades y en la mayoría de los casos tiene la forma inequívoca de un empedrado, que además nos hace darnos cuenta que estamos vivos, que sentimos, que creemos, que apostamos, pero que también nos mantiene alertas, sabiendo que en el momento en que menos lo pensemos un mal paso nos hará tropezar y caer de bruces, sin chances para colocar las manos y evitar un dolor.

Las utopías muchas veces son como los empedrados, por eso son tan importantes creer en ellas, "porque nada es imposible, sólo basta con proponérselo".

domingo, noviembre 18, 2007

Escondidas


“Uno, dos, tres...veinticinco...treinta. Punto y coma, el que no se escondió se embroma”. La cuenta y el relato terminaban siempre con la misma consigna, que daba pie a la cacería detectivesca.
Uno se sentía una presa, como esas que muestra el Discovery Channel, pero que no terminaría con sangre en el cuerpo, sino descubierto y resignado hasta que el último pudiera hacer la “liberación” general y el cazador cayera derrotado.
Ese era el juego que mis noveles 9 años adoraban y esperaba casi con los nervios que imponía la aventura, pero no por el hecho de que me gustara esconderme y engañar -con el tiempo y los años comprobé que sí, era eso- sino que podría compartir el escondite con ella. Su nombre: Alejandra.
Era menuda, pero atlética. Tenía mi misma edad, pero un pelo rubio y unos ojos verdes que podían encender París con el simple parpadeo. La sonrisa abarcaba un abanico de felicidad y era de hablar rápido, como devorándose las palabras, típico de la edad.
Mi timidez, que es una constante en mi vida, pese a que muchos no me crean aún hoy en día, era mucho más fuerte por aquellos años, principios de los '80.
Los escondites que elegíamos con Alejandra, no necesariamente eran los más oscuros, sino que me parecen eras casi los mejores, y nos gustaba quedarnos mucho tiempo ahí, no para ganar el juego -que siempre es bueno, dado que uno quedaba como un héroe ante sus amigos- sino para estar un tiempito más juntos.
Aún recuerdo que en esos “pequeños mundos” que compartíamos, ella me tomaba de la mano, yo la miraba de reojo, sintiéndome un hombre con poderes especiales, por tenerla cerca, por saberla mía, por descubrir los sentimientos vírgenes de la vida, que se presentaban en un formato de pureza total.
La calle empedrada fue la que nos unió, nos hizo conocidos y compartió tardes de juegos. Ella tenía dos hermanas -una mayor y otra menor- yo un hermano -mellizo- y una hermana menor. La coincidencia era que ambos éramos los “del medio”.
Vivíamos uno frente al otro. En un barrio como Flores que permitía por esa época compartir la tranquilidad de la siesta, que yo aprovechaba para jugar con los autitos en la vereda, después de las tareas escolares.
La imagen cada tanto vuelve a mi memoria. Ella regresando del colegio, con su delantal tableado, con moño en la cintura. Su pelo agarrado por una vincha blanca y su valija color marrón. Yo cansado, con el guardapolvos con jirones de batallas futbolísticas, los zapatos algo -bastante- gastados y un flequillo que hoy es sólo recuerdo.
Nos repartimos una mirada a la distancia, de vereda a vereda, como si fuera un código, similar a cuando bailábamos lentos o jugábamos a ser Olivia Newton John y John Travolta, en “Grease“, acaparando las miradas de todos.
Alejandra se llamaba y fue mi primera novia. La vida separó nuestros caminos, por cuestiones de los padres que prefirieron bifurcarse para un mejor porvenir.
Un año más tarde la volví a ver. Ya no era la misma. Había crecido demasiado. La ví como alguien lejano y me decepcioné a mí mismo. Ahora la recuerdo y empiezo a contar: “uno, dos, tres...”, para ver si el tiempo regresa.

Dulce

Se entregó en parte cuando vio que la boca de ella se abría y le dio su dulzura a borbotones, sin medir, pero midiéndose.
La abrazó, se dejó abrazar y compartieron el infinito que habían construido en segundos.
Sin tiempos, sin relojes, ni teléfonos celulares, a los cuales por otra parte, no le daban importancia.
Unas copas de cerveza, una vela, la luz de la calle y la sensación de estar bien en medio de esa isla que por momentos colonizaron, sin necesidad de matar a nadie, ni obligaciones que comprometan el día siguiente, o el otro o el que vendrá. Si es que habrá uno igual o parecido.
Una exhalación, un suspiro conjunto, los brazos cansados, el sudor recorriendo las espaldas de ambos, y la cama corrida centímetros de su eje, como la tierra en medio de un eclipse.
Se sintieron a gusto. Se confesaron presentes y pasados. Rieron, lloraron y compartieron el silencio y la luz de una vela que se derritió por el tiempo.
El último beso fue el prólogo de una sonrisa cómplice y un dormir juntos. Pegados. Hasta la próxima mirada.

sábado, noviembre 10, 2007

Huellas


Se había levantado más de 20 veces para cerrar las puertas del bar de la estación de ómnibus, en esa gélida madrugada de abril, en plenas sierras.
Ella estaba profundamente en silencio. Apenas había tomado un café y un té, casi sin ganas.
En la televisión -descolorida y antigua- pasaban una película clase B que la distraía, y él criticaba por no entenderla.
El tiempo pasaba lentamente, casi como si fuera un reloj de arena y la tensión entre ambos -sin saberlo uno y el otro- crecía. Se volvía un infierno.
Todo ese tedio era para esperar un ómnibus que los sacara de ahí, para proseguir las vacaciones que ya no serían igual. Como su historia. Como sus vidas.
Al cabo de una semana sin casi verse, mucho menos tocarse o acariciarse e incluso mirarse como hacía algunos años atrás, algo se percibía en el ambiente. Aunque él fue más lento para darse cuenta -o tal vez no quería- y ella sufría dudas internas que no podía exteriorizar, mucho menos a él.
Por momentos, en los meses subsiguientes, pasaron a ser como extraños conocidos.
Las mañanas juntos eran una quimera y las noches de placer casi una utopía.
El tiempo fue acomodando las cosas, seguramente no donde los dos quisieron, sino donde pudieron.
Sus historias eran fuertes de manera individual, pero también lo era desde que eligieron compartir la misma huella.
Muchas cosas se fueron dando como obvias.
Ella esquivaba sus llamadas, estiraba los encuentros y ponía excusas para tratar de afrontar su realidad, que también -por efecto cascada- le tocaba a él.
Ensimismado en su trabajo, sus miles de horas por llenar, la vorágine en que consumía su tiempo, él casi no se dio cuenta que los continentes se habían desmembrado, que un océano los dividía y los ponía a cada uno en la orilla contraria, sin botes, sin salvavidas. Ni siquiera sabían nadar.
Para cuando la ficha cayó, el juego de la vida pareció darles un "game over", sin revancha.
¿Sin revancha?. Sin segundas chances. ¿Será esto posible?
Él no se resignó, pero buscó su tiempo -aún dicen los que lo conocen que lo está haciendo- y ella se recluyó.
Buscó inventarse otras "ocupaciones", se puso excusas para no llamarlo e incluso para tratar de olvidarlo.
Los pasos, las huellas, la senda, ya no eran lo mismo.
Los caminos se habían bifurcado, alejándose.
No obstante, la mesa de un bar continúa impertérrita a la espera de una definición.
Él tiene una última ficha y la jugará, se lo autoprometió, antes que el croupier diga: "no va más".

sábado, noviembre 03, 2007

Parado


Parado, así me encuentro. Pero no estático.
Es sólo un descanso, una pausa, una reflexión, la búsqueda constante a respuestas ausentes,
pero con preguntas vivas y sentidas.
¿Por qué el tránsito es tan desordenado?
¿Por qué tu corazón se frenó ante el semáforo en rojo, si vos muchas veces infringistes las reglas?. Tal vez ya no lo deseás. Te entiendo.
Igual sigo en mis sensaciones, en el recuerdo, pero también en ese inspeccionar el fondo de las cosas, aunque las cosas parezcan más sencillas de las que parecen.
A veces me vienen unos deseos tremendos de ir corriendo hasta tu balcón y decirte: "Hey, vos, la de la ventana...No te das cuenta que te amo con toda mi alma y que vos también!"
Sin embargo el circuito no cierra y aún falta algo de valor, pero sé que ese momento llegará, no sé si con una corrida o un balcón de por medio, tal vez simplemente sea un café, como el primero que tomamos y que sirvió como prólogo de unos pies juntos en un lugar diferente.
"Amo tanto la vida, que de tí me enamoré". ¿Recordás la frase?. Alguien me la sopla en auriculares y cae justa, precisamente cuando la hoja se mancha con una lágrima que sortea una mueca de felicidad y borronea estos trazos de birome, final del viaje de mis sentidos.
Creo en la esperanza, en una nueva mañana.
Espero otra ola, que te traiga a vos en la cresta.

martes, octubre 30, 2007

Decisiones


Decisiones. Hoy me levanté con esa consigna, teniendo tu mirada como horizonte, escribiéndote en un bar, sorbiendo un cortado y pensando en Sisifo, como me susurra Ismael al oído .
Así como hay una cuota de alegría al pensarte, también hay otra de tristeza por querer y no poder.
¿Sabés? El tiempo es veloz, pero yo no quiero correr, sino caminar a tu lado, saborear cada mañana, palpar cada noche, saber que al infinito siempre se le puede descubrir una estrella, si me das un beso.
Las cuestiones del corazón no se meditan, se mueven por esos extraños y hermosos impulsos que llevan consigo las mariposas en el estómago, las que alguna vez sentiste por mí, las que en cada primavera revolotean para saber que estamos vivos.
La ciudad tiene ruidos diversos, de esos que alteran los sentidos, pero los aparto y trato de refugiarme en tu risa, que es la mía. En tu "hola amor", que es mi "te quiero" y en esos silencios que son tan necesarios para poder apreciar y recomenzar.
Si en este "fad food" me ven escribiéndote, poco me importa.
Si voces agoreras piden que te olvide, serán desoídas.
Me pasa lo que me pasa y está bueno que me pase, de otra forma no podría saber qué me pasa.
Me hiciste una invitación alguna vez, en un arroyo serrano.
Tu mano indicándome el camino. Ahora soy yo el que te toma la tuya y te lleva allá, donde todo es de un solo color, el de tus ojos, que son mi mirada.

lunes, octubre 29, 2007

Coincidencias


Imposible decirte lo que sentí recorriendo paisajes similares a los que compartimos.
Distinto es sentir que no estás acá, pero debo entender también que por algún motivo lo escogiste.
¿Fue espontáneo o precipitado?
Pensando regresar en el tiempo, es tampoco puedo evitar sentir nostalgia, rabia, bronca e impotencia. Un cóctel de sensaciones que el lápiz no puede traducir en palabras.
Escucho una pareja discutir y capaz que es algún mensaje, como aquella marca en la piedra, como la garúa, el sudor y la trepada.
Las coincidencias existen, pero más fuerte son sus consecuencias, esas que no dominamos y vos me susurrás que está bien que así sea.
La cuchara gira en el cortado, pero es uno solo, no dos como siempre.
Alguna medida habrá que tomar, para que se abra el cielo o bien soportar el hecho de que la tormenta dure más tiempo.
Sé que el único freno serás vos y eso acciona como un freno quizás en mí también.
Sabés que nada es imposible, pero de a dos es mucho más placentero.
Necesito abrazarte y sólo tengo tu recuerdo, tu sombra...y no me basta.